Parasháh Lej-Lejá – Porción Vete Tú

“Y YHWH dijo a Abram: Vete de tu tierra, de tu patria, de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. (Génesis 12:1).

La expresión hebrea “lej-lejá “לֶךְ־לְךָ” que comúnmente es traducido como “vete”, significa “vete por ti mismo”, es decir por tu propia causa, por tu propio bien o bienestar. Desde ahí empezamos a ver que la orden dada por el Eterno Dios a Abram, a pesar de ser incómoda y que lo iba a sacar de su zona de confort, era lo mejor para Él, lo que le convenía.

Muchas veces no entendemos ciertas situaciones en nuestras vidas a pesar de estar bajo la bendición del Creador. Hay ocasiones en que no entendemos la voluntad del Padre Celestial, pero, aunque no la entendamos lo que debemos saber es que siempre será lo que nos conviene.

En nuestro razonar tendemos a pedir al Padre lo que creemos que necesitamos, y a veces no recibimos lo que esperamos, sino otra cosa muy diferente, pero el Padre sabe cuál es nuestra real necesidad.

“Y cuando oren, no usen vanas repeticiones como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No se hagan semejantes a ellos; porque su Padre sabe de qué cosas tienen necesidad, antes que ustedes le pidan” (Mateo 6:7-8).

El problema es que muchas veces pedimos según nuestra humanidad y no de acuerdo con nuestra espiritualidad, ello conlleva a que nuestra petición se vuelva vana y no encuentre la respuesta que esperamos.

“Ustedes piden, pero no reciben, porque piden mal, para desperdiciar en sus placeres” (Santiago 4:3).

Abram ya había sufrido una primera salida, cuando su padre Téraj (Taré) lo tomó a él y a su esposa Saray para ir desde Ur hasta Jarán.

“Y tomó Téraj a Abram su hijo, a Lot hijo de su hijo Harán, y a Saray su nuera, mujer de su hijo Abram, y salieron de Ur de los caldeos para ir a la tierra de Canaán. Pero llegaron hasta Jarán y habitaron allí” (Génesis 11:31).

En su relato, Esteban nos dice que el Eterno Dios se había aparecido a Abraham estando aún en Mesopotamia en la región de Ur, es decir que Abraham ya había recibido revelación del Todopoderoso. ¿Qué fue lo hizo que Téraj tomara la decisión de dejar Ur? En realidad, no lo sabemos, pero tal vez ya el Eterno había dado instrucción a Abraham y éste al estar sometido a la autoridad de su padre Téraj lo que hizo fue comunicársela, por tanto, Téraj decidió partir de ahí.

“Y él [Esteban] dijo: Varones hermanos y padres, oigan: El Dios de gloria que apareció a nuestro padre Abraham estando en Mesopotamia, antes que viviera en Jarán, fue quien le dijo: Vete de tu tierra, de tu parentela, y vé a la tierra que Yo te mostraré. Saliendo entonces de la tierra de los caldeos, habitó en Harán; y de allí, luego de morir su padre, lo trasladó a esta tierra en la que ustedes viven ahora” (Hechos 7:2-4).

Lo anterior queda corroborado, pues Nehemías nos confirma que fue YHWH quien sacó a Abraham de Ur y le halló fiel y a causa de eso el Señor trazó un pacto para Abraham.

“YHWH, Tú eres el Dios que escogió a Abram, a quien sacaste de Ur de los caldeos y le pusiste por nombre Abraham, y hallaste que su corazón te era fiel, y concertaste un pacto para él a fin de darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, y del ferezeo, y del jebuseo y del gergeseo, para darla a su simiente cumpliendo tu palabra, porque Tú eres justo” (Nehemías 9:7-8).

La decisión de Abraham de salir, de irse, de su tierra adonde el Creador le iba a mostrar haría que él fuera bendecido y engrandecido.

“Y haré de ti una nación grande, bendiciéndote y engrandeciendo tu nombre, y serás bendición” (Génesis 12:2).

Te bendeciré y serás de bendición

Le fue dicho al patriarca Abraham que él sería bendecido por el Eterno Dios. La raíz hebrea para bendición es “baraj” “בָּרַךְ” que significa “estar de rodillas”, por eso “rodilla” en hebreo es “bérej” “בֶּ֫רֶך”, lo que metafóricamente significa “rendición para exaltación”, solo hasta que el hombre depone su ego y hace la voluntad del Eterno puede ser exaltado, es decir bendecido. Sin embargo, “baraj” también implica “adopción”, es decir, “me postro para ser recibido como hijo”.

Fue lo que Jacob haría con los hijos de José, Manasés y Efraín, aunque eran hijos naturales de José, por consiguiente, nietos de Jacob, pero éste al bendecirlos los tomó como hijos suyos, los adoptó, por lo cual entraron a formar parte de las tribus de Israel.

Lo que el YHWH le está diciendo a Abraham es, si te humillas ante Mí haciendo mi Voluntad, te adoptaré, por lo cual serás engrandecido convirtiéndote en una nación grande. Luego le dice YHWH a Abraham:

“Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré al que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3).

En otras palabras, el Eterno Dios adoptaría a todos los que adoptaran la fe de Abraham, pero quienes no, quedarían desadoptados, no serían tomados como hijos. Esa fe de Abraham trascendería en el tiempo en una línea directa con el Mesías.

Esta “bendición” sobre las naciones se repite en (Génesis 18:18; Génesis 22:18; 28:14). En todos estos casos, la bendición de Dios se dirige a las naciones a través de Abraham o su simiente. La Septuaginta (LXX) traduce todos estos casos de baraj en el pasivo, como lo hacen también algunas traducciones modernas. Pablo cita la traducción en la Septuaginta de Génesis 22:18 en Gálatas 3:8.

“Y la Escritura, previendo que, por la fe Dios declararía justos a los gentiles, proclamó de antemano las buenas nuevas a Abraham: -En ti serán benditas todas las naciones-. De manera que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gálatas 3:8-9).

Es decir, las naciones o gentiles que, poniendo su fe en el Dios de Abraham, alcanzarían justicia, y todo aquel de las naciones que alcanzara justicia sería adoptado junto a Abraham. Por eso a Abraham su fe le fue contada por justicia.

Ahora bien, esa adopción de hijos haría partícipe a cualquiera de las naciones de las promesas hechas al patriarca, a través de la línea de simiente de Abraham, una simiente que sería suficiente la simiente del Mesías.

“Así que, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. Pero, no dice a las simientes, como si hablara de muchas, sino de una, a tu simiente, la cual es el Mesías” (Gálatas 3:16).

A continuación, viene algo interesante en el relato del Génesis 12 que tal vez no sea tan comprensible para nosotros:

“Y tomó Abram a Saray su mujer, y a Lot, hijo de su hermano, y todos los bienes que había acumulado y cada alma que habían hecho en Jarán. Y salieron para ir a la tierra de Canaán, y en tierra de Canaán entraron” (Génesis 12:5).

Observemos que traducimos “cada alma que habían hecho en Jarán”, aunque la mayoría de versiones al español como la Reina-Valera dice “las personas que habían adquirido en Harán”. El verbo que se usa es “asáh” “עָשָׂה” que hace referencia el producto terminado, a la acción de hacer algo hasta llevarlo a su fin.

También usamos la palabra “alma”, pues el vocablo hebreo es “néfesh” “נֶפֶשׁ”, que es la esencia del ser, lo que trascenderá a la eternidad. Así que, observamos que cuando Abraham decide salir de Jarán, salen con él todas las almas que tanto él como Saray habían convertido al Eterno Dios. No se trata de esclavos o siervos, sino de almas libres que se unieron a la fe del Dios de Abraham y que se iban a ser partícipes de la bendición de Abraham. Esto es una lección de amor por los demás, de atraerlos al verdadero y único Dios. Aun para este tiempo esto es muy necesario por eso debemos proclamar el Evangelio del Mesías que muchas almas sean hechas o formadas para Él.

“Para que la bendición de Abraham llegara a los gentiles por Yeshúa Mesías, a fin de que por medio de la fe recibamos el Espíritu prometido” (Gálatas 3:14).

“Para que redimiera a los que estaban bajo Ley [en pecado], a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. Y por cuanto son hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, el cual clama: ¡Abba!, al Padre” (Gálatas 4:5-6).

Por último, tenemos que Abraham entendió que su promesa no se trataba de una tierra en este mundo sino en el venidero, en el eterno, por lo cual se mantuvo firme en su búsqueda. Entendió que su salida no era en sí de un lugar físico sino espiritual, que trascendía a este universo por lo cual se convirtió en el padre de la fe.

“Conforme a la fe murieron todos éstos, no habiendo recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, las creyeron y las saludaron, confesando así que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Porque de los que se dicen estas cosas se entiende que buscaban una patria, y si ciertamente se hubieran acordado de aquella de donde salieron, hubieran tenido tiempo de regresar, pero anhelaban una mejor, esta es, la Celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, y por eso les preparó una ciudad” (Hebreos 11:13-16).

Por Carlos Rabat

 

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