Parasháh Nóaj (Porción Noé)

Dice la Toráh o Instrucción Divina:

“Estos son los sucesos de Noé: Noé fue un varón justo, perfecto en sus generaciones, pues hacia Dios se encaminó Noé” (Génesis 6:9).

El versículo empieza enunciando los sucesos, acontecimientos u orígenes de Noé, y estos orígenes parten de la base de que Noé fue un varón justo, perfecto en sus generaciones, pero esto como resultado una decisión, de que Noé se había inclinado hacia el camino del Eterno Dios.

El verbo hebreo que traducimos “se encaminó” “hit’halej” “הִתְהַלֶּךְ” se encuentra en la forma gramatical hitpael, lo que significa que está en forma reflexiva; es decir, que Noé fue quien decidió caminar con el Eterno Dios, y el Eterno no le echó fuera.

Fue una determinación de su corazón. No iba a ser fácil ya que Noé vivía inmerso en una generación que se había corrompido, por lo que tuvo que esforzarse hasta lograr asirse de la Mano del Creador. Iba a tener que nadar contra la corriente, pero esto no fue impedimento para él. Mientras el mundo iba por un camino de perversidad, un camino amplio y espacioso, Noé decidió ir por el camino estrecho al encuentro con el Gran Rey.

Aprendemos de esto que el encaminarnos hacia el Eterno Dios es una decisión que demandará mucho esfuerzo y valentía, requerirá disciplina personal en lo espiritual, haciendo morir en nosotros lo carnal para que el hombre espiritual se fortalezca. Es un menguar para que el Señor crezca en nosotros. Ahí entendemos las palabras de nuestro Mesías Salvador:

Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Pues estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14).

Noé era de los pocos que en su tiempo iban a determinar entrar por la puerta estrecha de aquella barca que le salvaría, mientras el resto decidió la puerta amplia. Al igual hoy, se nos hace el llamado a determinarnos entrar por la puerta estrecha que es el Mesías, pero la gente prefiere las cosas de este mundo y seguir por su camino de confort y amplitud, aunque éste lleve a la perdición.

Hasta ese momento, a YaHWeH solo se le conocía con el título hebreo de “Elohím” “אֱלֹהִים” que, comúnmente es traducido como “Dios”. Este título usado para YHWH es un mayestático o de majestad debido a que está en plural. Este título viene del singular “אֱלוֹהַּ” “elóaj” y su forma abreviada “el” “אֵל”, la cual viene de la raíz “áyil” “אַיִל” que significa “jefe sobre, autoridad sobre, poder sobre”. Es obvio que YHWH es la máxima autoridad, no hay elohím sobre Él, siendo que Él es el único Elohím verdadero.

Lo anterior significa que Noé decidió que su máxima autoridad fuera YHWH, por eso se encamino hacia Él, abandonando así, a los elohím de los hombres y de los poderosos. Esto demuestra el carácter de Noé, un hombre inquebrantable en su fe y convicción. Elohím es el atributo de justicia de YHWH, porque al ser visto como la máxima autoridad eso significa que Noé estaba dispuesto a sujetarse a su Voluntad, a su Palabra.

En medio de una generación perversa en la que las normas ya no tenían ningún efecto sobre la vida diaria, Noé decidió caminar en las normas de YHWH su Elohím, en las normas justas.

La palabra que traducimos como “se encaminó” “hit’halej” viene de la misma raíz del sustantivo “halajáh” “הֲלָכָה” que significa “la senda o camino por el que se va, el comportamiento, la normatividad”; su raíz es “halaj” “הָלַךְ”, “caminar, andar”.

De Noé se dice que fue un varón “justo”, del hebreo “tsaddik” “צַדִּיק” que viene de la raíz “tsadak” “צָדַק”, que, “se refiere al hecho de ajustarse a la ley o norma”. También significa “ser recto o derecho en sentido de no apartarse del camino señalado”. Eso era Noé, un hombre que se ajustó a la Voluntad o Palabra del Eterno Dios. Por eso, se le dijo a Noé:

“Y dijo YHWH a Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca, porque a ti he visto justo ante mi presencia entre esta generación” (Génesis 7:1).

Mientras que la Toráh (Ley o Instrucción de Dios) es inmutable por lo que no se puede cambiar; la “halajáh”, aquella normatividad, es la que va cambiando nuestra naturaleza de vida paso a paso a medida que caminamos hasta llegar a la medida de la estatura del varón perfecto.

De lo anterior entendemos por qué a Noé también se le menciona como “perfecto” en sus generaciones. La palabra perfecto que se usó en hebreo es “tamim” “תָּמִים” que viene de la raíz “tamam” “תָּמַם” que significa “completar, o acabar, concluir algo, también, alcanzar un fin, lograr una meta”. Por eso en la traducción griega conocida como Septuaginta (LXX), la palabra “tamim” fue traducida como “téleios” “τέλειος” que literalmente significa “fijarse una meta o propósito”.

Noé fue un varón justo, perfecto en sus generaciones

Entendemos entonces que la “perfección” es alcanzar la meta que nos hemos propuesto, lo que dice a apóstol Pablo:

Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hacia el varón perfecto, conforme a la medida de la estatura de la plenitud del Mesías” (Efesios 4:13).

Por tanto, cuando nos encaminamos hacia el Eterno Dios, por medio de su Hijo que es el Camino, cada paso que damos es un peldaño más que subimos en perfeccionamiento hasta que logremos llegar a la perfección absoluta conforme a la estatura del Mesías.

Por tanto, al encaminarse hacia el Eterno Dios, Noé fue un hombre justo y perfecto por lo cual hizo siempre conforme al mandato de YHWH.

“E hizo Noé conforme a todo lo que YHWH le había mandado” (Génesis 7:5).

Pasa entonces a ser Noé un ejemplo para las postreras generaciones de quienes quieren encaminarse hacia el Creador. Aunque el Mesías advirtió que la última generación antes de su retorno sería como la de Noé, una generación pervertida; el Mesías también espera que haya creyentes como Noé a los cuales vendrá a rescatar de este mundo violento y pecaminoso y entrarlos al arca de salvación, basta con que solo hagamos todo lo que el Eterno Dios nos ha mandado.

Por Carlos Rabat

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