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Israel en la Profecía. Parte 3.

Después de ver las profecías, cumplidas, actuales y futuras, veamos las descripciones literales que la Biblia nos da en un recorrido profético. Estas profecías nos hablan tanto de la dispersión como de la restauración de Israel. Lo interesante acerca de la restauración y del regreso de Israel a su tierra (Ezequiel 36:1-10) es que se trata de una de las señales que nos indica que la venida del Señor está muy cerca. Veamos lo que dicen los textos bíblicos.

Respecto a la Dispersión y Destrucción

“… y a ustedes los esparciré entre las naciones, y desenvainaré espada contra ustedes; y su tierra estará asolada, y desiertas sus ciudades” (Levítico 26:33).

“YAHWEH te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y estarás sujeto al maltrato por todos los reinos de la tierra.” (Deuteronomio 28:25).

“YAHWEH te esparcirá por todos los pueblos, desde un extremo de la tierra hasta el otro extremo; y allí servirás a dioses ajenos de madera y de piedra que no conociste tú ni tus padres. Y ni aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo. YAHWEH te mantendrá con corazón temeroso, desfallecimiento de ojos y tristeza de alma; y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás seguridad de tu vida.” (Deuteronomio 28:64-66).

“Y después de las sesenta y dos semanas el Mesías será cortado sin juicio en él. Y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.” (Daniel 9:26).

“Respondiendo él, les dijo: ¿Ven todo esto? De cierto les digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.” (Mateo 24:2).

“Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalem será hollada por las naciones, hasta que los tiempos de las naciones se cumplan.”(Lucas 21:24).

Respecto a la Restauración.

“Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos.” (Amós 9:14).

“Y sabrán que yo soy YAHWEH, cuando los haya traído a la tierra de Israel, la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a sus padres.” (Ezequiel 20:42).

“Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto.” (Isaías 27:6).

“Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad. El lugar seco se convertirá en estanque, y el sequedal en manaderos de aguas; en la morada de chacales, en su guarida, será lugar de cañas y juncos.” (Isaías 35:6, 7).

“Mas ustedes, oh montes de Israel, darán sus ramas, y llevarán su fruto para mi pueblo Israel; porque cerca están para venir. Porque he aquí, yo estoy por ustedes, y a ustedes me volveré, y serán labrados y sembrados. Y haré multiplicar sobre ustedes hombres, a toda la casa de Israel, toda ella; y las ciudades serán habitadas, y edificadas las ruinas.”(Ezequiel 36:8-10).

“Y la tierra asolada será labrada, en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron. Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas.” (Ezequiel 36: 34, 35).

“Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su trasgresión vino la salvación a las naciones, para provocarles a celos. Y si su trasgresión es la riqueza del mundo, y su defecto la riqueza de los naciones, ¿cuánto más su plena restauración?” (Romanos 11:11, 12).

“Porque no quiero, hermanos, que ignoren este misterio, para que no sean arrogantes en cuanto a ustedes mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los naciones; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, en el que Yo quitaré sus pecados.” (Romanos 11:25-27).

Israel en Relación con los Pactos.

Los pactos bíblicos están íntimamente relacionados con las dispensaciones. Israel tiene un papel de importancia en cada uno de los pactos bíblicos, comenzando con el pacto de Dios con Abraham en Génesis 12. Los cinco pactos son los factores principales en la historia y profecía de Israel. Es necesario entender que el pacto con Abraham es la base del programa de Israel. El pacto mosaico condiciona la vida de Israel en la dispensación de la Ley y se relaciona con todos los Escritos Antiguos a partir de Éxodo 19. El pacto canaanita tiene que ver particularmente con la posesión de la tierra por parte de Israel, la cual Dios prometió a Abraham daría a su descendencia y el despojamiento de ella, aunque anuncia la toma de posesión permanente en el reino milenial. El pacto davídico condiciona la relación de Israel con el reinado de David y anuncia proféticamente el reino futuro del Mesías sobre la tierra en el milenio, con David resucitado actuando como su príncipe real. El pacto renovado profetizado en los Santos Escritos relaciona a Israel con las bendiciones del reino y complementa y trasciende al pacto mosaico.

Las Setenta Semanas Proféticas.

Daniel 9: 20-27 dice: “Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante del Señor mi Dios por el monte santo de mi Dios; aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde. Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión. Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde que se dé la orden para la restauración hasta la edificación de Jerusalem habrá siete semanas y hasta el Mesías Príncipe sesenta y dos semanas. Para entonces estará edificada nuevamente la plaza y el muro y serán tiempos angustiosos. Terminadas las sesenta y dos semanas el Mesías será cortado sin juicio en él. Y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.”

Este pasaje es la base principal de la profecía bíblica. Si no logramos entenderlo, será prácticamente imposible comprender el plan profético de Dios. Debemos entender que esta profecía le fue dada a Daniel en medio de la cautividad, que el pueblo judío había sufrido por manos de Nabucodonosor, rey del imperio Babilónico hacia el 600 a. C. aproximadamente.

Aquí debemos tener en cuenta algunos aspectos básicos:

Primero, que esta profecía es acerca de Israel exclusivamente como pueblo y nación y esto es de suma importancia entenderlo pues dice: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad…” (Versículo 24).

Es obvio que el pueblo de Daniel era Israel, es decir la nación judía y la santa ciudad de Daniel se refiere a Jerusalem.

Segundo, que los judíos pensaban en unidades de siete, así como en América se hace en unidades de diez. En otras palabras lo que en América serían cuarenta y nueve décadas, para los judíos serían setenta séptimas que en la Biblia es descrito como semanas.

Tercero, que la palabra “semana” en estos versículos es la palabra “shavûa” en hebreo que significa “algo hecho de siete”.

Por lo tanto, podemos leer el texto de manera que diga: “setenta sietes”. Haciendo esto alusión a años y no a días, es decir “setenta sietes” de años. Por lo que cada semana profética equivaldría a siete años. Lo que resultaría en que las 70 semanas son una profecía que equivale a 490 años o setenta séptimas de años.

Ahora bien, para comprender mejor esto, debemos llevar la profecía a su contexto histórico, desde que se da la orden de restaurar a Jerusalem, esto sucede en tiempos de Nehemías en el 457 a. C., hasta la muerte del Mesías y más allá, por lo tanto queda descartado que puedan ser 490 días. En términos más entendibles lo que Dios le dijo a Daniel, es que sobre su pueblo y su santa ciudad estaban determinados cuatrocientos noventa años.

Cuarto, que esta profecía abarca la historia de Israel desde el fin de la cautividad hasta el principio del Milenio. Esto lo deducimos de las siguientes expresiones: Veamos cuándo comienza el periodo según lo describe el versículo 25: “… desde que se dé la orden para la restauración  hasta la edificación de Jerusalem”, es obvio que esto fue después de la salida de Babilonia. Y el fin del periodo está dado en el versículo 24 que dice: “… para poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable y sellar la visión y la profecía y ungir al Santo de los santos…”. Esto habla de la segunda venida de Cristo instaurando su reino milenial. De acuerdo con el texto de Daniel, seis cosas sucederán al término del cumplimiento de las setenta semanas proféticas. Las tres primeras cosas son: “… terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad…” pueden referirse a la obra de Cristo en la cruz, pero esto es algo progresivo, pues lo más probable y es donde más confluyen los teólogos que se refieran a los beneficios que esta obra traerá a Israel con la segunda venida de Cristo (Zacarías 12:10; 13:1). La cuarta cosa es: “… traerá la justicia perdurable”, esto tiene que ver sin duda alguna con la segunda venida de Cristo. La quinta cosa es: “… sellar la visión y la profecía…”, se refiere a la terminación o culminación del ministerio profético, cuando la presencia del Señor hará innecesaria la profecía. La sexta y final cosa es: “… y ungir al Santo de los santos.”, esto es al Templo sagrado de Jerusalem, específicamente lo que llamamos “Lugar Santísimo” que en hebreo se conoce como “קֹדֶשׁ הַקֳּדָשִׁים” “Kodesh HaKodashim”, que en español se traduce literalmente como “Santo de los santos”, el cual será ungido, restaurado y levantado nuevamente por la presencia del Mesías. Así que, de acuerdo con estas frases los 490 años abarcan hasta la segunda venida de Cristo.

Sabemos que el Templo que aún no existe, será reconstruido en el futuro, porque el anticristo va a abominarlo con su presencia sentándose en él diciendo que es dios (2 Tesalonicenses 2:4). Debemos entender que si el anticristo se va a sentar en un Templo, éste debe existir; aunque en la actualidad éste aún no ha sido edificado, pero ya está el proyecto de construcción y para tal fin los judíos tienen una cuenta nacional donde hacen sus aportes para llevar a cabo su sueño, ver nuevamente el Templo de Jerusalem construido. Otra situación por la que el templo no ha sido reconstruido es porque la iglesia aún no ha sido tomada por el Señor, y eso nos constituye como el templo actual.

Quinto, es que la profecía de las setenta semanas o sietes se divide en tres partes. Observemos sus divisiones:

1. Siete Semanas o Cuarenta y Nueve Años. Este periodo está enmarcado desde la orden de empezar los trabajos de restauración de la plaza de Jerusalem, hasta su construcción:

Sabe, pues, y entiende, que desde que se dé la orden para la restauración hasta la edificación de Jerusalem habrá siete semanas….”

Las primeras siete semanas, es decir cuarenta y nueve años, fueron cumplidas en los días de Nehemías; lea por favor Nehemías 4:15-23, donde vemos que el muro de la ciudad fue construido en tiempos angustiosos durante estos años.

2. Sesenta y Dos Semanas o Cuatrocientos Treinta y Cuatro Años.Van desde la construcción del muro de la ciudad, hasta la muerte de Cristo.

“… y hasta el Mesías Príncipe sesenta y dos semanas. Para entonces estará edificada nuevamente la plaza y el muro, y serán tiempos angustiosos. Terminadas las sesenta y dos semanas el Mesías será cortado…”.

3. Una Semana o Siete Años. Estos siete años se refieren al tiempo de tribulación y gran tribulación o día de la venganza del Dios nuestro, en el que el Eterno traerá su juicio sobre los moradores de la tierra.

Podemos entonces observar que gran parte de la profecía de Daniel se ha cumplido. Para ser más exactos se han cumplido sesenta y nueve semanas proféticas, es decir o cuatrocientos ochenta y tres años (483), desde la orden dada para restaurar la ciudad hasta la muerte del Mesías.

En la semana profética o siete años que faltan por cumplirse, es donde el anticristo entrará en acción a la escena profética dada por Daniel.

Estos 490 años o 70 semanas proféticas se empiezan a contar desde el año 457 a. C. en el que Artajerjes dio la orden de reconstruir Jerusalem. Desde aquel año hasta la muerte del Mesías hay 487 años o 69 semanas proféticas, lo que nos da una diferencia de siete años o una semana profética que es la que está pendiente por cumplirse.

Miremos por un momento por qué la última semana o siete años de la profecía de Daniel 9:20-27 aún no se ha cumplido sino que tiene un cumplimiento a futuro.

Se levantará un hombre que en la Biblia es descrito como un príncipe, le conocemos mejor como el anticristo, éste hará un pacto o alianza con el pueblo de Israel, pero a la mitad de la semana o siete años, es decir tres años y medio, este príncipe romperá o violará unilateralmente el tratado confirmado con los judíos, y se levantará contra éstos para destruirlos.

Por lo tanto, si miramos la historia del pueblo judío desde la destrucción de Jerusalem en el 70 d. C. hasta estos momentos, encontraremos que jamás ha existido una alianza, pacto, tratado o acuerdo de siete años entre Israel y alguna nación. Esto quiere decir que si este periodo de siete años no se ha cumplido aún, es porque su cumplimiento está por venir.

De algo podemos estar seguros, y es que si Dios ha cumplido la mayor parte de esta profecía al pie de la letra, Él cumplirá lo que resta de ésta.

Por Carlos Rabat.

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