Lo que no te han contado.
Dalila hizo tres intentos aparentemente fallidos antes de sacarle el secreto de su fuerza a Sansón.
Lo que realmente estaba sucediendo es que ella lo estaba debilitando con cada intento y él no se daba cuenta porque era un hombre que se dejaba llevar por sus pasiones.
El nombre “Dalila” en hebreo es “Deliláh” “דְּלִילָה” y viene de la raíz “dalal” “דָּלַל” que significa “debilitar”, y de esta raíz vienen palabras como: “dalut” “דַּלּוּת” “pobreza, escasez”, “ledalel” “לְדַלֵּל” “diluir”, “dal” “דַּל” “volverse más débil, quedar sin fuerza”.
Dalila representa lo que es el pecado para el creyente, siempre está al acecho, no descansa, pues su función es debilitar nuestra fuerza espiritual, nuestra fe.
El problema de Sansón fue que le dio lugar o espacio al pecado, al enemigo, y eso lo fue debilitando hasta que perdió su fuerza. Eso mismo nos pasa cuando damos lugar al pecado, poco a poco nos va debilitando y va diluyendo nuestra fe, hasta que quedamos sin fuerza espiritual.
Dalila llevó a Sansón a un estado de debilidad tal, que él ni siquiera se dio cuenta que Dios ya no estaba con él; y ese es el mayor peligro que corremos, cuando quedamos completamente débiles porque le abrimos nuestras puertas al pecado.
La Biblia enseña: “Y ella exclamó: ¡Sansón, los filisteos te atacan! Él entonces, despertando de su sueño, se dijo: Tal como otras veces, saldré de esto libre. Pero lo que él no sabía, es que YHWH se había apartado de él” (Jueces 16:20).
Sansón era un hombre muy emocional, que se manejaba por sus sentidos naturales más que por los espirituales.
Sansón era extraordinariamente fuerte por fuera, pero peligrosamente débil por dentro.
Mientras tenía un llamado santo, permitía deseos impuros.
Mientras Dios lo usaba, él jugaba con el pecado.
Mientras vencía enemigos externos, perdía batallas internas.
El problema de Sansón no fue Dalila. Dalila fue la consecuencia.
Antes de caer en brazos de Dalila, Sansón ya había caído en su corazón.
Antes de perder su fuerza, ya había perdido discernimiento.
Antes de quedarse ciego físicamente, ya estaba ciego espiritualmente.
La Escritura muestra un patrón de debilitamiento espiritual: Sansón “vio” a mujeres que no debía ver, “deseó” lo que Dios no había aprobado, y “tocó” lo que estaba prohibido. El pecado siempre comienza con la vista, sigue con el deseo y termina con la esclavitud.
Este comportamiento emocional y carnal de Sansón lo llevó a caer en las manos de lo que sería su debilidad, su flaqueza espiritual.
Los filisteos terminaron sacándole los ojos, pero la verdad es que Sansón llevaba tiempo sin ver. El problema real es que había perdido la visión espiritual mucho antes de perder la visión física.
El mayor peligro no es caer de repente. El mayor peligro es acostumbrarse a vivir lejos de Dios y no darse cuenta.
Recuerda, el pecado busca drenarte, debilitarte, hasta llevarte a la muerte espiritual.



