Dice la Biblia:
2 Crónicas 25:2 “E hizo lo recto ante los ojos de YHWH, solo que no con corazón íntegro”
El texto anterior es una referencia al rey Amatsyáh (Amasías), y parece una contradicción, porque ¿cómo se puede ser recto sin tener un corazón íntegro? Sin embargo, así fue y así es.
La palabra hebrea que traducimos como “íntegro” es “shalem” “שָׁלֵם” que significa “completo o entero”. Esto significa que aquel rey no tenía su corazón completamente entregado al Eterno Dios; ya que, una parte de su corazón quedó para satisfacer su propio ego.
En el principio de su reinado, Amatsyáh se mostró celoso de cumplir la Ley Divina, o sea la Toráh. Sin embargo, a medida que pasó el tiempo y su reinado se consolidaba, esa pequeña parte de su corazón no entregada a Dios empezó a engrosarse y a ensoberbecerse. Pues después de la derrota que propinó a los edomitas, él tomó los dioses de ellos y los adoró. Ya su celo por la Toráh no era el mismo que al principio.
2 Crónicas 25:14 “Pero aconteció que, después que Amatsyáh regresó de derrotar a los edomitas, se trajo consigo los dioses de los hijos de Seír, y los puso para que fueran dioses suyos, y se postró ante ellos, y les quemó incienso”
Ante este acto deleznable, el Eteno Dios envió un profeta para advertirle acerca de su pecado, pero el rey menospreció al profeta y lo amenazó de muerte. Y murió apartado de Dios y del reino.
Este rey quiso servir a YHWH Dios Eterno sin entregar su corazón por completo. Por eso, intentaba cumplir la Toráh, pero no le fue suficiente, porque al final claudicó.
El mayor peligro para él fue su ego, su arrogancia, que no le permitió someterse completamente a la Voluntad Divina, pues su corazón estaba dividido, una parte para Dios y otra para él mismo.
Este rey tenía una apariencia de rectitud, pero su corazón no lo era. Amatsyáh no entendió que Dios no busca actos aislados de obediencia, Él busca corazones enteros. No apariencia espiritual, sino rendición verdadera y total.
Lamentablemente hay muchos así hasta el día de hoy, pues vienen a Dios sin querer entregar completamente su corazón y se reservan para sí mismo una parte de éste, dando cabida así a su propio deseo en su caminar con Dios. Se les olvida que el privilegio de servir a Dios exige integridad, no conveniencia. Porque Dios no mira como mira el hombre, pues Él escudriña el corazón.
Si venimos a Dios, solo con un pedazo de nuestro corazón, tal vez empecemos bien, y con celo por hacer conforme a su Palabra, pero tarde o temprano esa parte que no entregamos nos desviará del propósito Divino.


