¿Qué es el Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto?

Comúnmente he escuchado a muchos afirmar que el Antiguo Pacto es el Antiguo Testamento, y el Nuevo Pacto el Nuevo Testamento y parece que esto ha sido tomado como una verdad dogmática y hasta doctrinal.

Pero, ¿en verdad esto es así, o es un error que se ha vuelto común el cual es sustentado por el volumen creciente de personas que creen eso?

Lo primero que debemos hacer es establecer a qué es lo que las Sagradas Escrituras llaman Antiguo y Nuevo Pacto.

Las Sagradas Escrituras dicen:

He aquí que vienen días, oráculo de YHWH, en los que estableceré con la casa de Israel y con la casa de Judá un Nuevo Pacto. Pero no como el Pacto que establecí con sus padres el día que los tomé de su mano para sacarlos de la tierra de Egipto, pues ellos violaron mi Pacto cuando fui un baal para ellos, oráculo de YHWH. Y este será el Pacto que estableceré con la casa de Israel después de aquellos días, oráculo de YHWH: Daré mi Ley en su mente y la escribiré en su corazón, así seré Yo a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” (Jeremías 31:31-33).

Observamos que el profeta está hablando que el Nuevo Pacto sería uno diferente al que hizo con ellos El día que los sacó de Egipto.

¿Qué sucedió el día que YHWH los sacó de Egipto? En Éxodo 12 dice que los hebreos tomaron la sangre de los corderos y la pusieron como señal sobre sus postes y puertas, ese día por medio de la sangre de los animales quedó trazado un Pacto en el que YHWH salvó a los hijos de Israel por medio de la sangre de animales.

A partir de ahí, la sangre de animales sería tenida por Israel como el medio de purificación y limpieza de sus pecados y de ese hecho, el uso de la sangre animal, surgió la clase sacerdotal levítica y aarónica. Tengamos en cuenta que desde antes se hacían sacrificios, pero todos ellos eran como agradecimiento al Eterno Dios y no para perdón de pecados. Veamos entonces:

Tomarás también el segundo carnero, y Aarón y sus hijos e impondrán las manos sobre la cabeza del carnero. Una vez inmolado, tomarás su sangre y untarás con ella el lóbulo de la oreja derecha de Aarón y el lóbulo de la oreja de sus hijos; el pulgar de su mano derecha y el pulgar de su pie derecho, y derramarás la sangre alrededor del altar. Tomarás luego sangre de la que está sobre el altar, y el óleo de la unción, para rociar a Aarón y sus vestiduras, a sus hijos y las vestiduras de sus hijos juntamente con él. Así quedará consagrado él y sus vestiduras, y con él sus hijos y las vestiduras de sus hijos.” (Éxodo 29:19-21).

También dice el profeta que la Torâh (Ley) en el Nuevo Pacto ya no estaría escrita en tablas de piedra sino en los corazones y en las mentes, no dice que la Ley fuera a ser abolida o anulada sino que pasaría de un estado (escrita en piedra) a otro (escrita en los corazones). Cuánto más entonces habría que cumplir la Torâh (Ley) que sería grabada en lo interior.

Esta profecía se cumplió cuando entró en la escena de este mundo el Mesías bendito, Yeshûa. Aquel Pacto en sangre de animales quedaría inválido, pues ahora todo lo que se purificaba y limpiaba con esa sangre animal, sería limpiado de una vez por todas por la Sangre del Mesías el hijo de Dios y quedaría establecido un nuevo sacerdocio para el hombre el de Malki-Tsêdek (Rey de Justicia)

De ahí lo que dice la carta a los Hebreos, entendiendo que el Templo de Jesrusalem aún estaba en pie pues éste no fue destruido por los romanos sino hasta el año 70 d.C. Veamos:

“Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que ya tenemos a tal Sumo Sacerdote que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, Ministro de las cosas santas y del verdadero Tabernáculo hecho por el Señor y no por el hombre. Porque todo Sumo Sacerdote ha sido constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual, es necesario que también éste haya tenido algo que ofrecer. Pero si estuviera en la tierra, no sería Sacerdote en manera alguna, habiendo aún quienes siguen presentando ofrendas según lo indica la Ley; los cuales son figura y sombra de las cosas celestiales, como le fue advertido a Moisés cuando estaba por terminar el Tabernáculo: -Mira, le fue dicho, haz todas las cosas según el modelo que te fue mostrado en el monte-. Pero ahora hay un Ministerio diferente, el cual también es Mediador de un Pacto mucho mayor que está cimentado en la Ley, pero con promesas mayores. Porque si aquel Primer [Pacto] hubiera sido sin defecto, no se hubiera procurado lugar para un Segundo [Pacto]. Porque reprochándolos, dice: -He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y con la casa de Judá un Nuevo Pacto; No como el Pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto. Porque ellos no perseveraron en mi pacto, por lo que Yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual éste es el Pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Daré mi Ley en su mente, y la escribiré en su corazón, y les seré por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y ninguno enseñará a su conciudadano, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor, porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus iniquidades, y nunca jamás me acordaré de sus pecados-. Al decir: Nuevo [Pacto], ha declarado obsoleto el Primero; y lo que es obsoleto y va caducando, está próximo a desaparecer.” (Hebreos 8:1-13).

Luego seguimos viendo en el capítulo 9:

“Pero habiendo venido el Mesías, Sumo Sacerdote de los bienes llegados, por medio de un mayor y perfecto Tabernáculo, no hecho por manos, es decir, no de esta creación; ni por medio de la sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró una vez por todas en el Lugar Santísimo, habiendo asegurado eterna redención. Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros, y la ceniza de la becerra rociada a los inmundos, santifica para la purificación de la carne, ¡cuánto más la Sangre del Mesías, quien mediante el Espíritu eterno se ofreció a Sí mismo sin mancha a Dios, limpiará nuestras conciencias de las obras muertas para servir al Dios vivo! Por eso, Él es el Mediador del Nuevo Pacto, para que habiendo ocurrido una muerte para la remisión de las transgresiones cometidas durante el Primer Pacto, los que han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay Pacto, es necesario que intervenga la muerte del destinado al sacrificio. Porque un Pacto solo es firme sobre víctimas muertas, pues no tiene vigencia mientras vive el pactado. De donde ni siquiera el Primer [Pacto] fue puesto en vigor sin sangre; porque habiendo sido declarados por Moisés todos los Mandamientos de la Ley a todo el pueblo, tomando la sangre de los becerros, con agua y lana escarlata e hisopo, roció el rollo mismo, y a todo el pueblo, diciendo: esta es la sangre del pacto que Dios les mandó. Y de la misma manera, roció con la sangre el Tabernáculo y todos los utensilios del ministerio. Y según la Ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay remisión. Era pues necesario que las representaciones de las cosas celestiales fueran purificadas con estos ritos, pero las cosas celestiales mismas, con un sacrificio mayor que éstos. Porque no entró el Mesías en un Santuario hecho por manos, representación del Verdadero, pues entró al Cielo mismo, para presentarse ante el rostro de Dios por nosotros, y no para ofrecerse repetidamente a Sí mismo, tal como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena; de otra manera, hubiera sido necesario padecer repetidamente desde la creación del mundo, pero ahora ha sido manifestado una vez por todas en la consumación de los siglos, para quitar el pecado por medio del sacrificio de Sí mismo. Y tal como está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también el Mesías fue ofrecido una vez por todas para llevar la carga de los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, a los que lo esperan para salvación.” (Hebreos 9:11-28).

Y también leemos:

Así que, hermanos, ahora tenemos libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la Sangre de Yeshûa el Mesías (Hebreos 10:19)

“… y a Yeshûa, el Mediador del Nuevo Pacto en la Sangre rociada, la cual da mayor testimonio que la de Abel.” (Hebreos 12:24).

“Tenemos un Altar, del cual no tienen derecho a comer los que sirven al Tabernáculo; porque los cuerpos de los animales, cuya sangre es llevada por el Sumo Sacerdote al Lugar Santísimo como ofrenda por el pecado, son quemados fuera del campamento. Por lo cual también Yeshûa, para santificar al pueblo por su propia Sangre, padeció fuera de la puerta.” (Hebreos 13:10-12).

Por eso la noche en que Yeshûa fue entregado participó de la Cena de Pascua, en la que año tras año se tomaba una Copa, la Copa del Pacto de santificación en la que se vertía vino y se recordaba la sangre de los corderos que había sido usada aquella noche en la que Israel fue sacado de Egipto.

De ahí lo que hizo y dijo Yeshûa:

“Y tomando la Copa, dio gracias y se las dio, diciendo: Beban de ella todos, porque ésta [Copa] es mi Sangre del Nuevo Pacto, la cual es derramada a favor de muchos, para perdón de pecados. Y les digo que desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta aquél día en que lo beba de nuevo con ustedes en el Reino de mi Padre.” (Mateo 26:27-29).

Como vemos el Antiguo Pacto tenía que ver con todo lo relacionado a los sacrificios y derramamiento de sangre de animales para remisión de pecados, que era el servicio que administraban los levitas, un Pacto que había sido escrito en piedras, lo cual quedó abolido por el Nuevo Pacto que es el sacrificio y derramamiento de sangre del Mesías y Señor Yeshûa, el cual se constituye en Sumo Sacerdote y da así entrada a una nueva clase sacerdotal, la de Maki-Tsêdek (Rey de Justicia), que tiene escrito el pacto pero en el corazón.

Por eso el profeta Ezequiel había hablado también de esto:

“Y les daré un corazón, y les infundiré un espíritu nuevo, y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis Leyes, y guarden mis Decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y Yo les sea por Dios.” (Ezequiel 11:19-20).

El Nuevo Pacto tendría como propósito levantar un pueblo para el Eterno Dios que sí hiciera y viviera conforme a su Ley, ya que los que estuvieron bajo el Primer Pacto no lo hicieron.

Por tanto, nada tiene que ver con Antiguo y Nuevo Testamento que son las formas en las que tres siglos después del Mesías, empezaron a denominar a los libros escritos antes del Mesías y las cartas escritas después del Mesías, lo cual lamentablemente se ha prestado para que muchos indoctos y neófitos confundan y traigan así confusión a la Iglesia.

Por Carlos Rabat

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