el nombre de Dios

El Verdadero Nombre del Eterno Dios (Parte 2)

el nombre de Dios

¿Por Qué Dejó de Pronunciarse el Nombre de YAHWEH? El transcurso de los siglos hizo que la débil memoria humana olvidara la verdad respecto a Su Nombre excelso, e incluso lo distorsionara. Esto se agudizó entre el pueblo judío cuando fueron llevados cautivos a Babilonia, en donde la práctica del no uso del Nombre Santo se generalizó y se convirtió en ley, aun después del cautiverio.

En la Enciclopedia Judaica Vol. 12 – Pág. 119, leemos lo siguiente: La evitación del nombre original de Dios, tanto en el habla y, hasta cierto punto, en la Biblia se debió según [Abraham] Geiger (Urschrift [und übersetzungen der Bibel “Original y traducción de la Biblia”], Pág. 262.), a una reverencia que se dio de la expresión del nombre Sublime, y es muy posible que esa renuencia surgiera por primera vez en un país extranjero, y por lo tanto, en un “sucio” de la tierra, es muy posible que, haya sido en Babilonia. De acuerdo con [G.] Dalman, los rabinos prohibieron la emisión del Tetragrama, para protegerse contra la profanación del Nombre Sagrado, pero tal ordenanza no podía ser eficaz si no había contado con la aprobación popular, lo que indica que la negativa a pronunciar el Nombre YAHWEH, se debía a una interpretación errónea del tercer mandamiento.

La prohibición se aplicaba tanto a la pronunciación del Nombre de Dios y de su compromiso con la Escritura, además de su uso en los escritos sagrados. La prohibición de la pronunciación del Nombre de Dios sólo se aplicaba a lo que escuetamente llamamos Tetragrama (YHWH), que podría ser pronunciado por el sumo sacerdote una vez al año en el Día de la Expiación en el Lugar Santísimo.

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La Mishná, el libro de exégesis de leyes judías, dice con relación al día de la Expiación: “Los sacerdotes y el pueblo estaban en el atrio y cuando oían el Nombre que pronunciaba claramente el Sumo Sacerdote, se arrodillaban, se postraban con el rostro en tierra y decían: Bendito el Nombre de la gloria de su Reino por siempre jamás.-” (Yoma 6:2).

También en la Mishná se halla la declaración positiva de que una persona podía “saludar a su prójimo con el Nombre de Dios”, y se cita el ejemplo de Booz (Rut 2:4; Berajot IX:5).

Y he aquí Booz llegó de Bet-Léjem y dijo a los segadores: ¡YAHWEH sea con ustedes! Y ellos respondieron: ¡YAHWEH te bendiga!” (Rut 2:4).

El historiador judío Flavio Josefo, hace referencia a la prohibición sobre el uso del Nombre de YAHWEH. En sus escritos, explicando la aparición de Dios a Moisés en Éxodo 3, dijo: “En el cual Dios declaró a él su santo Nombre, respecto al cual no me es permitido a mí decirlo ya más.” (Antigüedades Vol. 2 – XII:4).

Por lo cual, vemos que antes de la destrucción del primer Templo de Jerusalem el uso del Nombre de YAHWEH era común en cualquier lugar. Cuando el Templo fue erigido y dedicado por Salomón en (960 a. C) se hizo con un propósito: Que el Nombre de YHWH fuera exaltado y conocido

“Desde el día en que saqué a mi pueblo de la tierra de Egipto, no he escogido a ninguna ciudad de entre las tribus de Israel para edificar una Casa donde estuviera mi Nombre, ni escogí a hombre alguno para que fuera caudillo de mi pueblo Israel, sino que escogí a Jerusalem para que mi Nombre esté allí, y escogí a David para que esté sobre mi pueblo Israel. Y estuvo en el corazón de mi padre David edificar una Casa para el Nombre de YAHWEH, Dios de Israel. Pero YAHWEH dijo a mi padre David: Por cuanto has tenido en tu corazón edificar Casa para mi Nombre, bien has hecho en tener esto en tu corazón; pero tú no edificarás la Casa, sino que tu hijo, que saldrá de tus lomos, él edificará la Casa para mi Nombre. Y YAHWEH ha cumplido su palabra dicha, pues yo me he levantado en lugar de David mi padre y me he sentado en el trono de Israel, tal como habló YAHWEH, y he edificado la Casa para el Nombre de YAHWEH, Dios de Israel.” (2 Crónicas 6:5-10).

Sin embargo, YAHWEH le advierte a Salomón que si el pueblo se desviaba, Él iba a traer destrucción sobre el Templo como resultado de no haber temido a Su Nombre, por lo que esta sentencia debía entenderse que el mal uso o profanación del Nombre de Dios sería la causa por la que el Templo podría ser destruido.

“… porque ahora Yo he escogido y santificado esta Casa, para que mi Nombre esté en ella para siempre, y mis ojos y mi corazón estén allí todos los días. En cuanto a ti, si andas delante de mí como anduvo David tu padre, y haces conforme a todo lo que te he mandado, y guardas mis Leyes y mis Decretos, Yo afirmaré el trono de tu reino, como pacté con David tu padre, diciendo: No te faltará varón que gobierne sobre Israel. Pero si ustedes se apartan y abandonan mis Leyes y mis Mandamientos que he puesto ante ustedes, y vayan y sirvan a otros dioses, y se postran ante ellos, entonces Yo les arrancaré de sobre mi tierra que les he dado, y esta Casa que he santificado para mi Nombre, la echaré de mi presencia, y la pondré por burla y escarnio entre todas las naciones. Y esta Casa que es tan excelsa, vendrá a ser de asombro a todo el que pase, de modo que dirá: ¿Por qué ha hecho así YAHWEH a esta tierra y a esta Casa? Y responderán: Porque abandonaron a YAHWEH, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se aferraron a otros dioses, y se postraron ante ellos, y los sirvieron. Por eso, ha traído sobre ellos todo este mal.” (2 Crónicas 7:16-22).

Ya en los tiempos del profeta Jeremías quien vivió del (650-586 a.C.) se estaba evidenciando que Israel se apartaba del uso del Nombre de YAHWEH y sobre todo sus sacerdotes. La Biblia habla de Anatot que era parte del territorio de la tribu de Benjamín, el cual fue asignado a los sacerdotes (Josué 21:18; 1 Crónicas 6:60). Fue el pueblo natal del Sumo Sacerdote Abiatar (1 Reyes 2:26) y del profeta Jeremías (Jeremías 1:1).

El miedo al mal uso del Nombre de YAHWEH empezó a convertirse en una especie de paranoia entre la clase sacerdotal de aquel momento, pues ellos sabían que si hacían mal uso o blasfemia del Nombre, esto traería destrucción, por consiguiente empezaron a prohibir el uso de YAHWEH.

Tanta fue la prohibición la clase sacerdotal quiso matar al profeta Jeremías por usar el nombre de YAHWEH. Esta actitud de aquellos hombres trajo como consecuencia la destrucción del pueblo y del Templo en (586 a.C.) la cual derivó en la cautividad por manos de Babilonia. Ya entonces el mismo profeta lo denunciaba públicamente:

“Por tanto, así dice YHWH acerca de los hombres de Anatot, que procuran tu alma, diciendo: No profetices en Nombre de YHWH, no sea que mueras por nuestra mano. Así pues dice YHWH de los Ejércitos: He aquí que Yo los visitaré de esta forma: los muchachos morirán a espada, y sus hijos y sus hijas morirán de hambre, y no quedará remanente de ellos, porque traeré el mal sobre los hombres de Anatot el año de su visitación.” (Jeremías 11:21-23).

“Pretenden que mi pueblo se olvide de mi Nombre con las visiones que se dicen unos a otros, así como sus padres olvidaron mi Nombre, por el de Baal.” (Jeremías 23:27).

La expresión “baal” “בָּעַל”, significa “señor”, lo que entendemos es que en vez de llamarle al Eterno Dios por su Nombre YHWH, le llamaban “Baal”. Esta es una de las primeras formas del cambio o reemplazo que se hizo del Santo Nombre para no mencionarlo.

“Y sucederá que si diligentemente aprende mi pueblo mis caminos, para jurar en mi Nombre, diciendo: ‘¡Vive YHWH!’,  así como ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por el de Baal, también ellos serán reconstruidos en medio de mi pueblo. Pero si no obedecen, arrancaré a esa nación, sacándola de raíz y destruyéndola”,  dice YHWH.” (Jeremías 12:16-17).

El desuso del Nombre de YHWH fue el resultado de los cambios que los escribas hicieron a la Torah, tergiversando así lo escrito.

“¿Cómo dicen ustedes: Nosotros somos sabios, pues la Torah de YHWH está con nosotros? Ciertamente la pluma mentirosa de los escribas la ha cambiado en mentira” (Jeremías 8:8).

Al venir la destrucción, la restricción del uso del Nombre de YAHWEH se hizo mayor. Después del cautiverio y de la construcción del Segundo Templo esta normativa de restricción en el uso del Nombre YAHWEH se fue agudizando.

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Según el Talmud, obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes, tradiciones, costumbres judías, esto sucedió después del tiempo de Simón el Justo, un contemporáneo de Alejandro el Grande (356 – 323 a.C). Simón el Justo fue un Sumo Sacerdote que sirvió en este cargo alrededor de 200 años antes que Israel quedara bajo el poder del Imperio Romano. La Enciclopedia Judía de 1901, Vol. 11 – Pág. 353, señala que: este fue el punto de inflexión, es decir, el momento exacto en que se convirtió en una práctica en la que Israel ya no pronunciaba el Nombre Inefable YAHWEH. (Tratado Yoma, Pág. 39b).

También encontramos: “Simón el Justo, Sumo Sacerdote… Después de la muerte de Simón, los hombres dejaron de pronunciar en voz alta el tetragrama” (Yoma 30b; Tosef Sotah XIII).

La Enciclopedia Judía Vol. 9 – Págs. 162-163 dice: “La pronunciación del Nombre escrito fue utilizado solamente por los sacerdotes (Números 6: 22-27), fuera del Templo usaron el título de “Adonay” (Sotah VII: 6, Pág. 38).” Y no hace más que confirmar este hecho, y demuestra la estricta prohibición y advertencia a todos aquellos que no se adhirieron a ella: “El que pronuncia el Nombre pierde su porción en el mundo futuro” (Sanedrín XI:1). “Ananías ben Teradion fue castigado por enseñar a sus discípulos la pronunciación del nombre” (Abodah Zarah 17b).

El Talmud de Babilonia, Tratado Kidushin, página 71A, admite abiertamente, sin embargo, que: “el nombre YAHWEH fue pronunciado por todos los hijos de Israel, pequeños y grandes, antes de la muerte de Simón el Justo. Nuestros Rabinos enseñaron: Al principio el Nombre [YAHWEH] solía ser confiado a toda la gente. Cuando los hombres rebeldes aumentaron, se confió solo a los piadosos del sacerdocio.”

La Enciclopedia Judía Vol. 1 – Págs. 201-202, nos muestra lo siguiente: En los primeros tiempos del Segundo Templo el nombre todavía estaba en uso común, ya que se podía aprender de aquellos nombres propios como “Johanán”, o de fórmulas litúrgicas, como “Halelu-Yah”. Al comienzo de la era helenística, sin embargo, el uso del Nombre fue reservado para el Templo […] parece que a los sacerdotes se les permitía pronunciar el Nombre de la bendición sólo en el Templo; otra parte se vio obligada a utilizar el Nombre apelativo “Adonay”, pronunciación del Nombre que hacían los sacerdotes del Templo […] por lo que poco a poco cayó en desuso.

Prohibiciones respecto a pronunciar el Nombre de Dios por completo empezaron a ser ley y quien lo hiciera era acusado de blasfemia. Por eso, después del exilio babilónico el uso del Nombre de Dios se limitó a YaH. Aunque ya era usado con anterioridad, solo mencionar YaH.

“Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, tomaste dones y los diste a los hombres, incluso a los rebeldes, para habitar entre ellos, ¡oh YaH Dios!” (Salmo 68:18).

Para entonces, la prohibición del uso del Nombre YAHWEH se había extendido y generalizado en el primer siglo. Esto se evidencia aun en medio de los esenios, quienes seguían la prohibición a pesar de ser tan cerrados. El conocido “Manual de Disciplina” identificado como 1QS de los hallazgos de Qumram expresa: “Cualquiera que dice en alto el más santo Nombre de Dios, ya sea como maldición, o que se le escapa en un juicio o por cualquier otra razón, o mientras está leyendo un libro u orando, ha de ser despedido para nunca más volver a la sociedad de los Yahad.”

Por eso, para el primer siglo, la Mishná nos dice que el Nombre era usado solamente en el Templo por los sacerdotes, y prácticamente se convirtió en manejo exclusivo de ellos. Aun cuando leían las Escrituras, el judaísmo mayoritario usaba eufemismos o sustituciones en lugar de pronunciar el nombre. “En el santuario uno dice el Nombre según está escrito pero en las provincias, con un eufemismo” (Sotah 7:6), tales como Adonay, Hashem u Olam.

Por tal razón, no solamente el mencionar el Nombre de Dios colocaba a un individuo en una situación peligrosa, sino que este uso del Nombre debía estar acompañado por alguna expresión que se podía considerar abusiva. Por ello, la Mishná declaraba que los judíos no podían acusar a alguien de blasfemia si su comentario abusivo no estaba acompañado del Nombre Divino, ya que dice: “El que blasfemare será responsable solamente cuando haya pronunciado completamente el Nombre Divino. Dijo Rab Yoshua ben Quorba: cada día del juicio examinan a los testigos con un nombre supuesto; una vez que termina el juicio, no le condenarían de muerte con el eufemismo, sino que sacaban a todos y preguntaban al más importante de los testigos, diciéndole a él: -Di, ¿qué oíste exactamente?- Y él dice lo que oyó. Y los jueces se ponen en pie y rasgan sus vestiduras”(Sanedrín VII:5).

Evidencias como las anteriores nos dan un entendimiento mayor de lo que pasó con Yeshúa Mesías. Él dijo: 

“¡Oh Padre justo! el mundo no te conocía, pero Yo si te conocía, por lo cual éstos conocieron que Tú me enviaste. Y les di a conocer tu Nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos, y Yo en ellos.” (Juan 17:25-26).

“Pero Yeshúa callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: ¡Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios! Yeshúa le dijo: Tú lo has dicho. Y además, les digo en este momento: Verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? ¡Ahora mismo habéis oído la blasfemia! ¿Qué les parece? Respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! Entonces lo escupieron en el rostro y le dieron puñetazos; otros le dieron bofetadas, diciendo: ¡Profetízanos, mesías! ¿Quién es el que te golpeó?” (Mateo 26:63-68).

“Así dice YHWH a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” (Salmo 110:1).

Lo que entendemos es que la profanación de Yeshúa no fue admitir que él era el Mesías, sino haber pronunciado el nombre del Eterno Dios, solo que Mateo usó un eufemismo en su Evangelio, en este caso “Poder”, pero entendemos que fue la pronunciación del Nombre lo que llevó al sumo sacerdote a semejante acusación.

Vestigios de la prohibición de mencionar el Nombre de YAHWEH se evidencian en La Septuaguinta (LXX) que es la primera traducción de la TANAK o Antiguo Testamento al idioma griego alrededor del año 250 a.C.

Septuaginta

Cuando el equipo de “Los Setenta” como se les conoce a los judíos eruditos del sumo sacerdote Eleazar, quienes fueron los traductores y creadores de la Septuaginta (LXX) o traducción al griego (250 a. C. aprox.), llegaron al texto de Levítico 24:16 lo parafrasearon de manera que quedara claro que la prohibición ya existía. Por eso, fue traducido así:

“El que nombre el Nombre del Señor, de muerte ha morir.”

(onomadso̱n de to onoma kyriu zanato zanatuszo) (ονομαζων δε το ονομα κυριου θανατω θανατουσθω). (LXX).

Aunque el texto hebreo originalmente decía así:

“Y el que blasfeme el Nombre de YAHWEH, de muerte morirá.” 

(venokev shem-YAHWEH mot yumat) (וְנֹקֵב שֵׁם־יהוה מֹות יוּמָת)

Notemos que en la LXX se tradujo: “el que nombre…”; pero originalmente decía: “el que blasfeme…”. Esta forma de traducción en la Septuaginta (LXX) revela que la prohibición sobre el Nombre ya existía en aquel tiempo y que los sacerdotes hebreos no querían que los gentiles o no judíos fueran a tomar el Nombre de YAHWEH en vano o en blasfemia. De hecho en la traducción de la Septuaginta el Nombre YAHWEH se reemplazó con la palabra griega “Kyrios” que significa “Señor”, pero en los hallazgos del Qumrán se descubrieron manuscritos en griego que hacían uso de Nombre YAHWEH usando caracteres hebreos antiguos o paleo-hebreo, como lo vemos la foto en la que todo el texto está en griego excepto el Nombre de YAHWEH.

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Lo grave es que para entonces, la sentencia para quienes se hallaran culpables de usar el Nombre YAHWEH, llegó a ser la muerte, pues el solo uso se tuvo como una blasfemia al Nombre, por lo que su uso quedó prácticamente prohibido por temor a ser acusados de blasfemia.

Sigue el estudio de la Parte 3.

Por Carlos Rabat

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